Sólo un dios puede salvarnos todavía…

Serge Latouche
Este autor examina los fundamentos epistemológicos de la economía y de la ciencia social. Pertenece a MAUSS (Mouvement Anti-utilitariste dans les sciences sociales - Movimiento anti-utilitarista en las ciencias sociales) que anima investigación y debate sobre el sesgo economista en el pensamiento moderno.
Sus libros Faut-il refuser le développement? (¿Es necesario rechazar el desarrollo?) publicado por Presses Universitaires de France en 1985 y L'occidentalisation du monde (La Occidentalización del Mundo) publicado por La Découverte en 1989 han denunciado al desarrollo como el ascenso de la concepción económica del mundo a la hegemonía global. Es profesor universitario en Lille y París.
El título de este comentario es una frase de Heidegger, parafraseada por Serge Latouche, economista y filósofo.
Como veremos, se trata de un dios con minúscula, con caracteres limitados, como los dioses griegos, y rasgos humanos con defectos y virtudes.
Para Latouche es esencial distinguir ente lo racional y lo razonable. Lo racional tiene que ver con una razón calculadora, instrumentalista y estratégica, centrada en lo económico y por tanto formalizada y matematizable. Y por supuesto con ambiciones imperialistas.
Lo razonable, en cambio, alude a límites humanos y naturales. Aunque es más abarcativo pues está encarnado en símbolos, mitos y valores tradicionales. Lo razonable no depreda recursos naturales aunque éstos sigan siendo siempre agotables algún día.
El ideal de la racionalidad tecnocrática y antropocéntrica es vivir consumiendo más, mejor y mucho.
El ideal de la razón razonable es una buena vida, al estilo de los griegos, consciente de límites y alternancia entre abundancia y escasez. Dentro de las posibilidades de la madre naturaleza.
Latouche considera que la razón no puede darse a sí misma sus propios fines y que por eso está enraizada en mitos, tradiciones y símbolos sapienciales y encarnados en culturas particulares.
En todo caso son las comunidades de base las que pueden decidir soluciones no muy pretenciosas para beneficiar a la mayor cantidad de gente que se pueda.
Frente a estas consideraciones se vuelve comprensible su valoración de Desarrollo Sustentable como una contradicción. Pues el desarrollo sustentable implica una desmesura que ni nuestras propias capacidades, ni la duración de nuestras vidas, ni los recursos naturales pueden procurarnos.
Prefiere en cambio hablarnos de una sana supervivencia respetuosa del entorno.
Nos ofrece un interesante ejemplo, para finalizar:Los indios de la Columbia británica[1] sobre la costa oeste del Pacífico pensaban que los salmones eran seres vivientes como ellos, que vivían en tribus en el fondo del mar. En invierno decidían sacrificarse por sus hermanos terrestres, revestían sus hábitos de salmón y partían hacia las desembocaduras. En la estación de subida de las márgenes, los indios recibían al primer salmón como un visitante importante. Lo comían ceremonialmente. Su sacrificio no era más que un préstamo provisorio. Devolvían al mar la arista central y los restos que permitían el renacimiento de la hostia devorada. Así la coexistencia entre los salmones y los hombres se perpetuaba de manera satisfactoria. Con la llegada de los blancos y la instalación en cada desembocadura de una factoría, la carrera del provecho resultó abusiva. Los indios concluyeron que los salmones desaparecieron porque los blancos no respetaron el ritual. Quién podría criticarlos? Esta obligación del hombre de fundirse en el cosmos se encuentra en la mayoría de las sociedades. En Siberia se va a morir a la selva para devolverle a los animales lo que de ellos se recibió. Esta actitud implica relaciones de reciprocidad entre los hombres y el resto del universo. Los hombres se deben a Gaia como Gaia se debe a ellos.
[1] Actual provincia canadiense, cuya capital es Victoria.
Comentario remitido por Silvia Bakirdjian


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home