Los caminos hacia la sustentabilidad.

“Cada pueblo construyó su historia recorriendo su propio camino. Para alcanzar la sustentabilidad deberá hacer lo mismo, estando atento a lo que ocurre en el resto del Oikos común”.
Eduardo Beaumont Roveda
El panorama de crisis generalizada debida al modo de desarrollo insustentable que ha dominado los últimos cien años de civilización humana parece no presentar mayores dudas, al menos para los suficientemente informados: la voracidad energética indiscriminada ha engendrado una reacción ambiental —el cambio climático global— que aún los dirigentes mas iluminados no saben como enfrentar o siquiera como morigerar.
Frente a ello, la explosión demográfica de China —sumada a su despertar al desarrollo— se está convirtiendo en un privilegiado “observatorio del futuro” que puede ayudar al resto del mundo en la búsqueda de soluciones a los enormes problemas que debe superar la humanidad en las próximas décadas.
Cada dos segundos nace un nuevo habitante de China. Resulta impactante que el sitio que informa la población de este país tenga instalado un contador que permanentemente se actualiza. (Ver China Population Information: http://www.cpirc.org.cn/en/eindex.htm). Cuenta ya con más de 1.310.000 habitantes, sólo en el 2006 se agregaron más de 9.000.000!!).
El PBI de China también ha crecido desde el año 2003 a tasas anuales mayores al 9 %. Esto ha producido enormes desajustes en su disponibilidad de recursos, especialmente la energía —el consumo de electricidad crece a una tasa que casi duplica la del PBI— y esta situación continuará agravándose en los años por venir. En el 2003 China se convirtió en el segundo consumidor de energía primaria después de Estados Unidos. China es también el tercer productor de energía del mundo luego de Estados Unidos y Rusia.
Para continuar con sus tasas de desarrollo económico, se estima que China tendrá que duplicar su capacidad de generación eléctrica cada década. Con una capacidad instalada en todo el país, a finales de 2004, de 440 GW (Gigavatios) que generaron 2.187.000 millones de kW-hora, China tiene un sistema eléctrico que ocupa el segundo lugar en el mundo, superada sólo por los Estados Unidos. Sin embargo, durante el mismo año sufrió graves problemas de desabastecimiento y cortes que afectaron a 22 de sus provincias, en tanto que en el 2005 fue aún peor, con 23 provincias afectadas. China es también el segundo mayor emisor de CO2 en el mundo, después de los EE.UU.
El mix energético Chino descansa mayoritariamente en el carbón[1] (mas del 70% en el 2005), y esta situación ha llevado casi al colapso el sistema de extracción y transporte de este mineral. Baste decir que los ferrocarriles chinos están dedicados en un 40% a transportar más de un billón de toneladas de carbón por año. La mayoría de la electricidad se produce a partir de combustibles fósiles (cerca del 80%, principalmente carbón) y de energía hidráulica (cerca del 18%). El resto es energía nuclear y trazas de las llamadas “energías alternativas”.
Aunque China es el sexto productor más grande de petróleo del mundo, desde 1993 es un importador neto, importando más de un tercio de su consumo (35%). Y llegará a importar más de tres de cada cuatro barriles consumidos dentro de 20 años (84% en el 2030). También dispone de gas natural, cuya producción actualmente representa el 3% de su consumo energético, previéndose que para el 2010 este valor se duplique.
Hasta aquí los hechos estadísticos. Frente a esta realidad, China debe necesariamente diversificar sus fuentes de energía, y las opciones no son muchas en la “mega escala” de su realidad. A partir de esta situación debería construirse un “camino sustentable” para el desarrollo energético. La gran pregunta es: ¿por dónde pasa la sustentabilidad en este panorama?.
Un primer elemento a considerar es que la peor sustentabilidad es la carencia de energía. China ha hecho un enorme esfuerzo para acoger a la enorme población que la satura, y sin embargo aún hay enormes porciones de la misma que no disponen del mínimo que pueda garantizar una calidad de vida aceptable.
Además la energía es el multiplicador del resto de la actividad económica y social, con lo cual el problema adquiere aún mayor relevancia. El camino, como toda decisión humana racional y razonable, debe necesariamente ser un camino de equilibrio entre beneficios y perjuicios.
Frente a esta situación, es muy difícil que los chinos puedan considerar también —y sobre todo al mismo tiempo— los problemas de índole global. Los recursos son siempre finitos, sobre todo los financieros pero también los naturales, por lo cual las opciones son limitadas.
Lo que se quiere mostrar aquí es que la construcción del desarrollo sustentable no puede transitar por la ortodoxia ni mucho menos por el sectarismo. Debe ser pragmática[2]. Debe tener en cuenta prioridades. Debe contemplar “el mal menor”, que de acuerdo a algunos entendidos es también “el bien mayor”[3].
[1] China es el mayor productor y consumidor de carbón del mundo.
[2] El pragmatismo sostiene que sólo en la lucha de los organismos inteligentes con el ambiente que los rodea es donde las teorías y datos adquieren relevancia.
[3] Asumiendo que el mal es la ausencia del bien.

Minería del Carbón en Mongolia, China.
La Agencia Internacional de Energía estima que China invertirá 1,5 trillones de Euros en su sector energético antes del 2030. ¿Cómo se invertirá esta enorme suma?
Pan Juihua, director ejecutivo de la Academia China de Ciencias Sociales, expresó en un reciente reportaje: “Cuando se tienen varias opciones hay que considerar sus restricciones, cuando se tienen muchos problemas hay que establecer prioridades. Cuando hay pobreza, se tiene que abordar primero la pobreza.”
Las autoridades chinas han reiterado su voluntad de que el desarrollo energético del país tenga en cuenta los efectos ambientales asociados, con el fin de que el crecimiento económico no comprometa la sostenibilidad del entorno natural. Aunque China no está afectada por el protocolo de Kyoto, también ha expresado un compromiso en materia de control del cambio climático, teniendo en cuenta que los combustibles fósiles proporcionan más del 80% de la energía consumida en el país y que, de no cambiar la actual tendencia, las dos terceras partes del crecimiento en las emisiones mundiales de CO2 —que la AIE prevé para el año 2030, un 52% a nivel global— corresponderían al gigante chino.
En este sentido, China posee abundantes recursos hidroeléctricos, y ha encarado su utilización hasta el máximo de su potencial. Ha encarado dos grandes proyectos hidráulicos que están en construcción: Three Gorges (Presa de las Tres Gargantas) de 18.2 GW y Yellow River (Presa del Río Amarillo) de 15.8 GW. Sin embargo, ambos proyectos han sido duramente criticados por los “ambientalistas” ortodoxos.
La Presa de las Tres Gargantas, en el curso medio del río Yangtsé —el más largo de China y el tercero del mundo— en la provincia central china de Hubei, es el mayor proyecto de ingeniería de la historia reciente y se completará en el 2009. La construcción de esta presa, con un embalse principal de 2.309 metros de largo, 185 metros de alto y capaz de almacenar 39.000 millones de metros cúbicos de agua, ha costado más de 20.000 millones de Euros. Cuando esté en pleno funcionamiento, tendrá 26 generadores que producirán en total 84.700 millones de kW-hora de electricidad al año.

Presa de las Tres Gargantas, China.
Las autoridades chinas también han otorgado un importante rol al desarrollo de las energías alternativas, como la eólica, con la intención de desarrollar sistemas basados en el modelo danés. China está considerada como un mercado eólico con gran capacidad de crecimiento. Concluyó el año 2005 con una potencia eólica acumulada de solo 1,26 GW, pero las previsiones oficiales alcanzan a los 40 GW en el 2020, impulsada por la Ley de Promoción de las Energías Renovables lanzada por el Gobierno chino. De esta manera, la energía eólica podría convertirse en una de las principales fuentes de electricidad de China en el 2020, e incluso convertirse en la segunda mayor proveedora de electricidad en el 2050, cuando se espera que su capacidad instalada llegue a los 400 GW.
La mayor “granja eólica” de China.
Asimismo, la República Popular de China está implementando un programa nuclear que prevé poner en línea 30 nuevas plantas de energía en los próximos 15 años, lo que pone a China en la vanguardia del mundo en lo que hace a la investigación y desarrollo en ciencia e ingeniería nuclear.
La meta es aumentar seis veces la capacidad nuclear, actualmente de 8,7 GW, hasta los 40 GW antes del 2020. Sin embargo, y debido al tamaño del sistema eléctrico de China, incluso este agresivo esfuerzo llevará la generación nuclear solamente hasta el 6 % de la capacidad instalada. Este programa requiere que entren en servicio dos reactores nuevos cada año, durante los próximos 16 años. A pesar de que la mayor parte de las centrales existentes han sido importadas, el gobierno Chino prevé que el 70 % del equipamiento necesario para la expansión será producido en la misma China, ya que han estado desarrollando su propia tecnología y capacitando a sus científicos e ingenieros[1].
Antes del 2050, China planea tener 150 GW de capacidad nuclear instalada, equivalentes a 150 centrales eléctricas grandes. Las zonas prioritarias serán Jiansu, Shangai y el grueso de la demanda industrial del sur en Guandong y Zhejiang, polos fabriles que ya están acostumbrados a continuos cortes en el suministro y a realizar turnos nocturnos de trabajo para evitar los picos diurnos en la demanda.
Otro aspecto importante del programa nuclear chino que merece destacarse —y a nuestro criterio imitarse— es que además de diseñar, producir y exportar[2] sus propias centrales, han encarado un programa de investigación y desarrollo para llevar la frontera hacia una nueva generación de reactores, denominados de “alta temperatura”, construyendo un reactor experimental de 10 MW entre 1995 y 2000, en tanto que en el 2003 ya fue conectado a la red comercial. Sobre la base de esta tecnología, está actualmente desarrollando un “reactor paquete” de baja potencia y bajo costo (200 MW, 300 MUS$) que está destinado a distribuirse ubicuamente en todo el territorio chino e incluso del resto del mundo, vía exportación. Debe notarse además, que los reactores de “alta temperatura” permitirían también producir hidrógeno a partir del agua, para ser utilizado como combustible.
Hasta aquí, la reacción inicial de China frente a los hechos estadísticos. Trataremos de extraer de ello algunos criterios o enseñazas útiles.
En primer lugar, debemos notar que no es conducente cerrarse a preconceptos seudo ambientales, ni mucho menos a los prejuicios ambientalistas, cuando la matemática de los números y la evidencia de las necesidades indican que no hay salida “canónica” para un determinado problema.
China necesita incorporar a su sistema eléctrico en los próximos 15 años entre 500 y 750 GW de potencia, de acuerdo a previsiones optimistas o pesimistas. Es un esfuerzo ciclópeo.Poniendo todos los elementos racionales sobre la mesa, están haciendo enormes esfuerzos por desarrollar hasta el límite las opciones “correctas”, hidráulica, eólica, renovables. Pero solo se puede cubrir una pequeña parte del total. Luego apela a las “menos contaminantes”, la opción nuclear. Tampoco es suficiente. Debe continuar expandiendo las opciones “tradicionales”, es decir el carbón, el petróleo, el gas natural. Y en el peor “mix” posible, ya que dispone de grandes reservas de carbón, pocas de petróleo y aún menos de gas natural. Pero esto es lo razonable para la China de hoy y del futuro cercano.
Podemos criticar esta posición? Sinceramente, creo que no.
[1] El reactor ubicado en Qinshan, de 300 MW y que entró en operación en 1991, fue diseñado en China y construido con el 70 % de sus componentes producidos domésticamente, impulsando el nacimiento de la industria nuclear China.
[2] China está exportando reactores a Pakistán.
En particular, y dado que por mi actual desempeño profesional he tenido que comenzar a estudiar mas a fondo la opción nuclear —y también por la similitud que presenta en ésta área la República Argentina— quiero analizar con un poco mas de detalle el actual resurgimiento de la energía nuclear como una opción “limpia” de energía masiva.Al respecto, es interesante destacar que recientemente, con un intervalo de pocos días y en ambientes muy distintos, dos figuras muy representativas del mundo ecologista y de la política internacional, como son el ideólogo ecologista James Lovelock, creador de la teoría Gaia y el político Mikhail Gorbachov, expresaron su firme convencimiento de que la energía nuclear es el único camino para luchar contra el cambio climático que se avecina.
Lovelock, reconocido científico, miembro de la prestigiosa Royal Society inglesa y fundador de un movimiento ecologista ha presentado sus ideas en diversos foros[1]. En un artículo del periódico “The Independent” —el 24 de marzo de 2004— escribió: “Hagamos un uso razonable de las pequeñas aportaciones de las energías renovables, pero la única fuente disponible inmediatamente que no produce calentamiento global es la energía nuclear”. En otro artículo, publicado en el Reader's Digest de Abril de 2005, expresó: “Las cifras muestran que las dudas que mucha gente tiene sobre la energía nuclear no son razonables”.
[1] Ver: http://www.ecolo.org/lovelock/

En el marco de la presentación del Diálogo “Energía y desarrollo sostenible” que se celebró en el Fórum Barcelona el 2 de junio de 2004, Gorbachov —premio Nóbel de la Paz y presidente de la organización ecologista Green Cross— manifestó que “no hay tiempo de sustituir los combustibles fósiles por fuentes energéticas renovables no contaminantes. La única solución a corto plazo es la energía nuclear”. Y añadió: “Fui testigo del accidente de Chernobil, pero a pesar de su peligro, no apoyo las posturas contrarias a la energía nuclear. El cierre de plantas provocaría el caos. ¿Cómo vivirían países como Japón o Francia sin energía nuclear?”, preguntó el artífice de la perestroika. Por último, Gorbachov manifestó que “debemos replantearnos todo nuestro sistema de valores y asegurarnos de que estos temas lleguen a los gobiernos, pero también a los ciudadanos. Las buenas intenciones no bastan, es necesario asegurar el destino del planeta en los próximos años y asegurar nuestra supervivencia como especie”.[1]
Por otra parte, Patrick Moore, uno de los ecologistas pioneros que fundó Greenpeace en el año 1971, apoyó —en abril de 2006— el retorno a la energía nuclear en un artículo de “The Washington Post”: “la energía nuclear puede ser justamente la fuente energética que puede salvar a nuestro planeta de otro posible desastre: el catastrófico cambio climático”.[2]
Más allá de opiniones personales o anecdóticas, el retorno de la energía nuclear a nivel global está sólidamente basado en cuatro factores:
1. económico, por el alza incesante de los precios de los hidrocarburos;
2. geoestratégico, debido a la inestabilidad política existente en los países que son importantes productores de gas y petróleo;
3. ambiental, con el principal foco en la reducción de emisiones de CO2 y otros gases a la atmósfera[3]; y
4. tecnológico, por las mejoras en seguridad alcanzadas en las plantas de tercera generación.
También debe tenerse en cuenta el impacto ambiental en el entorno (ocupación del espacio) de las diferentes fuentes de energía alternativas disponibles. Una central nuclear de 1 GW de potencia requiere una superficie de 1 a 4 km2. Para una producción equivalente de electricidad utilizando energía solar se necesitarían de 20 a 50 km2, utilizando energía eólica se necesitaría una superficie de 50 a 150 km2 y en el caso de la biomasa de 4.000 a 6.000 km2.
[1] Ver: http://www.barcelona2004.org/esp/actualidad/noticias/html/f042378.htm
[2] Ver: http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2006/04/14/AR2006041401209.html
[3] Generadores de la lluvia ácida (SO2 y NOX).
En lo referente a las emisiones de CO2, la energía nuclear figura entre las tecnologías de generación menos intensas, emitiendo 0,01 gramos de dióxido de carbono equivalente por cada kWh generado (g CO2 eq./kWh), emisión asociada a la fase de construcción de la central nuclear. En contraposición, una central alimentada por combustibles fósiles emite de 400 a 1.250 gramos de CO2 eq./kWh, según sea el tipo de combustible usado: gas, petróleo o carbón.
Luego de un largo período de “veda” a la energía nuclear que se impusieron los países desarrollados, durante el cual incluso se mencionó insistentemente la posibilidad de cerrar las centrales existentes al fin de su vida útil, se ha desatado en el mundo un resurgir de los proyectos nucleares.
A finales del año 2005, había 443 centrales en funcionamiento en el mundo en 31 países, y estaban en construcción 25 nuevos reactores en 11 países muy diferentes tales como India (8), Japón, Corea del Sur, Rusia (4), Rumania, Taiwán (2), Ucrania[1] (2) y Pakistán. La inestabilidad energética ha reabierto el debate en Europa: Gran Bretaña y Alemania preparan nuevos planes energéticos en los que la energía nuclear puede ocupar un lugar preponderante, tanto para la construcción de nuevas centrales como para prorrogar la actividad de las existentes. Estados Unidos tiene planes para la construcción de nuevos reactores en Mississippi, Carolina del Sur, Alabama, Virginia, Idaho e Illinois. La construcción de esas plantas comenzará en el 2010.
[1] Donde ocurrió el accidente de Chernobil.
En Europa, varios países, entre ellos Finlandia y Francia comenzaron, o están a punto de comenzar, la construcción de nuevas centrales nucleares. En el año 2004, la Comisión Europea autorizó la construcción de la nueva central nuclear de Finlandia. Las obras comenzaron en el 2005 y está previsto que entre en funcionamiento en el 2009. Este hecho, según un informe de prensa de la Unión Europea, ha demostrado que la energía nuclear sigue siendo una opción económica atractiva cuando se aplica correctamente y que puede contribuir sustancialmente al desarrollo sostenible y a combatir el cambio climático. La central no recibirá subvenciones del Ejecutivo finlandés, a la vez que evitará la emisión de millones de toneladas de dióxido de carbono, permitiendo a Finlandia cumplir con los compromisos del Protocolo de Kyoto. Suecia ya dejó de lado la idea de cerrar sus centrales nucleares y, por el contrario, formula planes para extenderles la vida útil. En Italia, país que decidió ser “no nuclear” mediante un referéndum en 1997, la empresa eléctrica estatal compró acciones de la nueva central nuclear que construirá Francia.
Volviendo a nuestra realidad, el PBI de la Argentina —como el de China— está creciendo a tasas anuales del orden del 9 %. Esto está produciendo grandes desajustes en la disponibilidad de energía —como en China— la que puede convertirse en el cuello de botella del crecimiento. La Argentina también ha desarrollado, a lo largo de más de cincuenta años, una capacidad nuclear que la pone en un pie de igualdad con los países centrales. En su camino hacia la sustentabilidad no debería dejar de lado esta opción, al menos como puente de plata hacia un futuro energético todavía incierto. La racionalidad y la razonabilidad así parecen indicarlo. En futuras contribuciones volveremos sobre el tema.
“La necesidad de energía del mundo de hoy y las ventajas de la energía nuclear sobre otras fuentes primarias de generación energética, colocan a esta opción como la más viable en lo económico, en seguridad y en el cuidado de la naturaleza. Esto, que claramente ha sido advertido por los países dominantes --lo que se muestra en el resurgimiento de la industria nuclear-- pretende ser monopolizado nuevamente por estos países, negando cualquier posibilidad de que otras naciones participen de esta fuente de energía de manera soberana. Nuestros países no pueden permanecer atados a fuentes de generación de energía cuyo agotamiento se acerca a pasos acelerados, ni deben esperar pasivamente las políticas provenientes del exterior. Ante este resurgimiento nuclear, debemos contar con un desarrollo propio de las ciencias y tecnologías nucleares, tanto en materia energética como en otros usos pacíficos de la energía nuclear. Debemos pugnar por la independencia tecnológica en la materia”.
Declaración Final del II Foro Latinoamericano y Caribeño de Trabajadores y Trabajadoras de la Energía, México D. F., 10 de septiembre de 2005. (Declaración de Río Becerra)


1 Comments:
La mejor alternativa es conocer y actuar en consecuencia. Considero que debe hacerse un gran esfuerzo por dar a conocer objetivamente el estado ambiental de nuestro país y del planeta. Actualmente el bombardeo de informaciones cruzadas es elevado, y, sin argumentos válidos es difícil elaborar opiniones propias y ser parte de la generación de soluciones realistas y concretas. Valoro esta propuesta como una manera de poner en marcha esta visión comprometida de la realidad.
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