Un movimiento destinado a superar el autismo de la economía moderna.

Carlos Merenson
Edward Fullbrook, en la introducción del libro “A Guide to What’s Wrong with Economics” menciona que las teorías, tanto científicas como de otra naturaleza, no representan al mundo tal como es, sino que resaltan algunos de sus aspectos, dejando otros en la oscuridad. Puede darse el caso que dos teorías que resaltan los mismos aspectos de algún rincón de la realidad ofrezcan conclusiones diferentes; pero puede presentarse otra situación: una dónde una teoría que ilumina bastante bien unas facetas de su dominio quiere suprimir otras teorías que iluminarían algunas facetas que ella deja en la oscuridad. Tal es el caso de la “economía neoclásica” que ha tenido un éxito contundente en dejar de lado otros acercamientos, por lo cual también se la conoce como: “la economía de la corriente principal.”
No es poco lo que se ha polemizado y polemiza sobre la economía neoclásica, sobre sus virtudes y defectos, pero una objeción mayor surgió a fines de 2000, cuando más de 1.000 estudiantes de la carrera de Ciencias Económicas de diversos centros de París, como La Sorbona, hicieron público su manifiesto contra “la enseñanza de una economía imaginaria, demasiado despegada de la realidad”.
Lo que parecía un documento más, rápidamente encontró apoyo en un gran número de estudiantes de economía y economistas en muchos países, así por ejemplo recibió el apoyo de otras universidades galas —Orleans, Grenoble, Rennes, Marsella y Clermont -Ferrand— y europeas —Barcelona, Hamburgo, Londres y Florencia— y para junio de 2001, casi exactamente un año después de que los estudiantes franceses habían lanzado su petición, 27 candidatos al Doctorado en la Universidad de Cambridge lanzaron su propia petición, titulada: “Abriendo la Economía”.
El manifiesto de los estudiantes parisinos se articulaba en torno a tres puntos principales:
En primer lugar cuestionaba la poca relación de la economía con la realidad y por ello los estudiantes se manifestaban en contra de “los mundos imaginarios”. En otras palabras, se oponían a los profesores adictos al llamado “modelo econométrico” que nunca dejaban que la realidad pudiera estropearles una “buena” teoría.
En segundo lugar, criticaban el “uso incontrolado de las matemáticas” que eran asumidas como un fin en sí mismas y no como un instrumento.
Por último, señalaban que eran necesarios “enfoques pluralistas en los análisis económicos”.
En agosto de 2001 los estudiantes de economía de 17 países que se habían reunido en la Ciudad de Kansas, lanzaron su “Carta Abierta Internacional” en la que llaman a reformar la educación de la economía como así también la investigación, basados en siete puntos principales:
1º Una concepción más amplia del comportamiento humano.
2º El reconocimiento de la cultura.
3º La consideración de la historia.
4º Una nueva teoría del conocimiento.
5º La importancia de la medición empírica.
6º Una ampliación de los métodos.
7º El diálogo interdisciplinar.
Hoy, la lucha de los estudiantes de economía y de miles de economistas en muchos países, ha florecido bajo el estandarte de la “Economía Post-autista” (PAE). Este movimiento no pretende reemplazar la economía neoclásica con otra verdad parcial, sino que pretende abrir la economía, superando esa suerte de “autismo” en el que se ha enfrascado la economía moderna.
Tal como sabemos, el “autismo” es la enfermedad más común dentro del grupo de trastornos del desarrollo y se caracteriza por un marcado déficit en la comunicación y la interacción social, deterioro del lenguaje, actividades e intereses extremadamente limitados, inusuales y repetitivos, con excesiva fijación con ciertos objetos; y normalmente asociado con deterioro intelectual.
Por su parte, la economía moderna se caracteriza por un marcado déficit en la comunicación y la interacción con otras disciplinas. Posee un vocabulario limitado y especializado y una excesiva fijación con las suposiciones y los modelos matemáticos. Como fruto de una suerte de deterioro intelectual, la economía moderna muestra una notable incapacidad para resolver muchos importantes problemas del mundo real y quienes la practican: los economistas convencionales y ortodoxos, que sólo consideran aquello que está dentro de su modelo matemático, cerrado e inflexible, se transforman en “autistas”, en tanto muestran serias dificultades para relacionarse con el exterior y para saber lo que acontece en el mundo real.
Tanto es así, que no solo algunos estudiantes y economistas disconformes cuestionan esta corriente principal, este autismo económico, sino que algunos prestigiosos economistas, galardonados con el Premio Nobel, también se han manifestado en forma crítica y así por ejemplo, Milton FRIEDMAN ha mencionado que: “.....la economía ha llegado a ser cada vez más una rama arcana de las matemáticas antes que tratar con los verdaderos problemas económicos”. Por su parte, Joseph STIGLITZ ha dicho: “La forma en que se enseña la economía en los cursos de postgrado de América... resulta el testimonio del triunfo de la ideología sobre la ciencia”. Otro Premio Nobel, Ronald COASE ha señalado: “La economía existente resulta un sistema teórico [de significado matemático] que flota en el aire y que tiene escasa relación con lo que sucede en el mundo verdadero”. En tanto, Douglass NORTH afirmó que: “Vivimos en un mundo incierto y siempre cambiante que evoluciona continuamente en nuevas y novedosas formas. Las teorías uniformes son de poca ayuda en este contexto. Procurar entender los cambios económicos, políticos y sociales requiere un cambio fundamental en la manera que pensamos”.
El movimiento de la economía post-autista (PAE), que ha identificado correctamente muchas de las fallas de la economía neoclásica, encuentra en la Eco-economía una expresión concreta, que se mueve más allá del autismo de la corriente principal y representa una alternativa post-autista viable.
Se sugiere profundizar en Post-autistic Economics Network (http://www.paecon.net )


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