Cambios de Paradigmas.

Silvia Bakirdjian
“Como podremos solucionar nuestros problemas si no tomamos conciencia de quiénes somos y quiénes queremos ser, de dónde nos albergamos y de nuestra relación originaria con la naturaleza?”
Para comprender las cuestiones eco-económicas se habla de Paradigmas y de cambios de Paradigmas. Un paradigma es un modelo, un marco de referencia para encarar problemas, que corre el riesgo de expandirse acríticamente hasta dominar todo el imaginario comunitario, es decir la conciencia o manera de pensar de la comunidad. También está conformado por “elementos paradigmáticos”, que muchas veces son la llave para posibilitar —o impedir— un cambio de paradigma.
Existe un elemento paradigmático en particular que debe ser superado si queremos avanzar en nuestro camino hacia un mundo sustentable. El común de la gente tiende a ver solo una parte de los actores y una parte del escenario sobre el cual se representa la vida tal como la conocemos. Se confunden los medios con los fines, se confunden los instrumentos con los valores de fondo, se confunden las técnicas y las especializaciones con los saberes.
Un primer paso ineludible para cambiar el comportamiento de la sociedad es hacer que la sociedad comprenda por qué debe cambiar, cómo debe cambiar, cuándo debe cambiar.
Es importante desmontar el preconcepto indiscutido —por desconocido— que subyace en la confusión medio-fines, como paso previo para asumir la “Revolución en la Percepción” que pregonaba Marcuse, ya que ello es indispensable para la promoción del desarrollo sustentable.
Debemos comprender —y hacer comprender, lo que es más importante— que:
No existen circunstancias lo suficientemente graves o importantes como para justificar la violación de los fines superiores de la humanidad.
Sin embargo, las “crisis apremiantes”, que cada vez se vuelven más habituales, acortan y obstruyen la mirada del planificador político-social. El norte natural de su accionar, que debería ser la promoción de lo humano —entendida como el despliegue de todas las posibilidades de auto-expresión comunitaria— se disipa en las brumas de elementos como “la inflación”, las veleidades de “el tipo de cambio”, etc. Estas “urgencias” usurpan el rol de los verdaderos fines.
Por supuesto que no se trata de vanidades. Hasta puede argumentarse que están estrechamente emparentadas con las condiciones de un crecimiento social, tendiente a esa promoción de lo humano que sería en este caso el fin de fines: “Sin estabilidad monetaria no hay desarrollo...”. Lo que equivale a decir: “La estabilidad monetaria es un medio para acceder luego a una instancia de riqueza constructiva y abundancia de oportunidades”…, etc.
Quizás sea necesariamente así, quizás no. Aquí hay pendiente una reflexión transdisciplinaria que excede los límites de nuestra especulación individual, lamentablemente especializada, como en la mayoría de los casos. Pero pretendemos por el momento dilucidar solo algunas cuestiones epistemológicas de la relación medio-fines en función de sus consecuencias ético-sociales.
El problema comienza cuando la distinción —o confusión— entre medios y fines se enraiza acríticamente en nuestra idiosincrasia. El intervalo entre el medio y el fin es una distancia y una postergación. Sufrida, soportada o reprimida, hasta puede revestirse de una falsa sensación de madurez social, tanto como para hacerse en algo tolerable
El problema continúa cuando ese espacio de la postergación, propicio para una activa hermenéutica comunitaria, queda vacío de crítica, aletargado en la espera sin esperanza, escéptico, saturado de “slogans” contradictorios.
No nos preguntamos por la relación del medio con el fin.
No nos preguntamos si existen medios alternativos par alcanzar el mismo fin.
No nos preguntamos si la elección de los medios responde a una impecable asepsia teórica o a prejuicios subjetivos y caprichosos de grupos.
No nos preguntamos si es posible y hasta conveniente una impecable asepsia teórica, ni de qué modo intereses de grupos podrían intervenir en una convergencia fecunda, es decir, no caprichosa, para el conjunto de la sociedad.
No nos preguntamos si la elección de los medios es privativa de una “inteligentzia” experta o si podría, por el contrario, ser sometida a una permanente discusión pública a la luz de interrogantes tales como: ¿quiénes somos? y ¿quiénes queremos ser?
De hecho todas estas preguntas quedan reservadas al gabinete de “expertos”, que cada día interpreta los “datos” de la realidad, medida según determinados “marcos de referencia” preestablecidos. Con esos “datos” se elabora una lectura y una problematización. En respuesta a la problemática resultante, se aplican los correctivos ya previstos en la estructura interpretativa inicial. Nadie sino los “expertos” podría realizar esa tarea. Ellos, formados en la “racionalidad instrumental”, conocen y manejan los “instrumentos” adecuados, definiendo con precisión los “elementos del sistema”, ya sean materiales, intelectuales o humanos, para lo cual disponen de una terminología especializada que los aísla de la autocomprensión comunitaria.
Por eso, frente al auge tecnocrático, es común escuchar “yo no entiendo nada de política” o de “economía”, como una manera de ceder a unos pocos “otros”, que sí entienden, el privilegio de tomar esas decisiones “meramente técnicas”, es decir, instrumentales. Cuando las consecuencias de estas últimas hacen sentir sus efectos sobre el conjunto de la sociedad, traicionando las plataformas que habíamos convalidado con nuestro sufragio, derribando gobiernos y poniendo en peligro el sistema democrático, ya es tarde.
Desgraciadamente, ya es tarde para solucionar los desastres ecológicos acontecidos. Pero hay otros por venir. En las próximas intervenciones trataremos de avanzar en el planteo de cómo estas reflexiones pueden incidir en la toma de decisiones respecto de las acuciantes amenazas que nos ocupan.“La preservación de los recursos naturales es algo demasiado importante como para dejarlo en manos de los expertos”.
“El desarrollo sustentable debe ser un proceso concebido desde la comunidad y hacia los dirigentes, y no a la inversa”.


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