21.4.11

Diario Nala: Argentina en la encrucijada energética

Diario Nala: Argentina en la encrucijada energética

13.8.06

Extinción o Evolución: Nuestra Opción

EDITORIAL

No cabe duda que a nivel global nos toca enfrentar una situación social y ambiental, cuya principal característica resulta el acelerado y simultáneo crecimiento de la pobreza y la degradación ambiental. Si bien existen múltiples causas subyacentes que nos han llevado a extremos dramáticos, existen cinco axiomas[1] del paradigma dominante que merecen particular atención y a los que Ervin Laszlo ha identificado como las “cinco creencias letales”.

La primera de ellas: la denominada “Ilusión Neolítica”, que hace mención a un período de nuestra prehistoria en el que se registró el advenimiento de la agricultura, marcando un punto de inflexión en el desarrollo de la civilización y dando origen a una visión de la naturaleza, que comienza a ser conceptuada como inexhausta, como algo que no se agota ni se acaba, como “infinita”. Esta verdadera “ilusión” surgida de la ignorancia, reforzada por la codicia y potenciada por el desarrollo tecnológico, nos ha conducido al agotamiento de lo ilusoriamente inagotable y a descubrir la finitud de lo supuestamente infinito.

La segunda creencia letal: el denominado “Darwinismo Social”, que emerge a fines del siglo XIX con las ideas de Herbert Spencer y William Summer quienes extendieron las teorías del naturalista inglés Charles Darwin sobre la evolución de las especies por medio de la selección natural a la evolución social de la humanidad, incorporando a nivel social el concepto de supremacía del más apto, conduciendo a la negación de la solidaridad dentro de la especie y la ayuda mutua (paradójicamente tan común en la naturaleza), estimulando la agresividad en la conducta del ser humano, transformándolo de hermano en enemigo y rival de sus semejantes. El darwinismo social divide al género humano, azuzando a unos contra otros, justificando las guerras fratricidas y la opresión. Por otra parte y tal como lo menciona Esteban Crevari en su compilación publicada en “PaísGLOBAL”: la naciente economía política proclamaba en los albores del siglo XIX la naturalidad de la economía capitalista, y la libre competencia en el mercado como el sistema que mejor expresaba la naturaleza humana. Si bien muchos liberales de la época hicieron votos antirracistas, el laissez faire fue entendido y usado políticamente como justificación a la no intervención frente a las desigualdades. El pensamiento de Spencer era solidario con estas posturas, planteando una no ingerencia del Estado ante los problemas de la pobreza y ante las consecuencias genocidas y etnocidas de la expansión colonial, pues allí se libraría una lucha por la existencia en la que sólo perdurarían los pueblos y los sectores de la sociedad capaces por sí mismos de sobrevivir, los biológicamente superiores. Se iba imponiendo una opinión en la cual “...los pobres eran pobres porque eran biológicamente inferiores, los negros eran esclavos como resultado de una selección natural que ya les había asignado un lugar adecuado para ellos” (Van Den Berghe citado en Lischetti).

La tercer creencia letal: el denominado “Fundamentalismo de Mercado” que resulta ser una suerte de exigencia intransigente de sometimiento a la creencia que el mercado es la respuesta a cualquiera que sea la pregunta; un apego dogmático a los principios de la economía neoliberal o, en otras palabras, la creencia en un “Modelo Económico Único” que puede y debe ser aplicado a toda circunstancia y a todo el mundo. Esta creencia inhibe el reconocimiento de los problemas y las crisis que emergen de la implementación de este modelo y de las diferencias contextuales e institucionales que determinan el desempeño de las economías nacionales. Este fundamentalismo inexorablemente lleva a la sobre-explotación de los recursos del planeta y a ensanchar la brecha entre ricos y pobres.

La cuarta creencia letal: el denominado: “Consumismo” interpretado como la tendencia inmoderada de adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios, originada en la inducida confusión entre “ser” y “tener” como idea de valor humano, que lleva a pensar que más vale quien más consume y posee bienes materiales. El “consumismo” obviamente no resulta saludable ni sustentable, en tanto ha llevado al mundo —particularmente al industrializado— a consumir productos y servicios a un ritmo insustentable, con resultados graves para el bienestar de los pueblos y el planeta.

La quinta y última creencia letal: el “Militarismo”, que es aquella ideología según la cual la fuerza militar es la fuente de toda seguridad, asumiendo que la “paz a través de la fuerza” es la mejor o única forma de conseguir la paz. Su política se resume en el aforismo latino “Si vis pacem, para bellum”; (Si quieres la paz, prepárate para la guerra).

Frente a tales creencias, la Ecoeconomía emerge como una instancia superadora que opone al idealismo neolítico, la racionalidad ecológica; al Darwinismo social, la solidaridad; al consumismo, el consumo responsable; al fundamentalismo de mercado, el funcionamiento del mercado y al militarismo, el pacifismo.

En definitiva, se puede afirmar que a partir de la primera revolución industrial, hemos ido establecido una escala de valores y creencias, que muy rápidamente, en términos históricos, nos han llevado del florecimiento económico a la crisis socio-ambiental. El presuntuosamente autodenominado “Homo sapiens sapiens” devenido hace dos siglos y medio en una suerte de “Homo oekonomicus”, armado de Ilusión Neolítica; Darwinismo Social, Fundamentalismo de Mercado, Consumismo y Militarismo, se encuentra hoy frente a las puertas de una gran bifurcación, en el sentido adoptado por la teoría de los sistemas complejos. Bifurcaciones que se tornan mas frecuentes y mas dramáticas cuando los sistemas que las representan se acercan a sus umbrales críticos de estabilidad, cuando “viven peligrosamente”. Y es así como hoy estamos viviendo.
Frente a la gran bifurcación que se avecina, la alternativa resultará tan clara como única: extinción o evolución. Nuestra, será la opción.

[1] Proposición tan clara y evidente que se admite sin necesidad de demostración.

Hablemos de Eco-economía.



Carlos Merenson

Mucho es lo que se ha escrito sobre “economía ambiental” y no menos sobre “economía ecológica”; pero no es tanto lo que podemos encontrar respecto de la “eco-economía”.

Podemos afirmar que dentro del paradigma de la “Protección Ambiental” se encierra el germen de la economía ambiental, que resulta un intento por “economizar” la ecología; mientras que en el paradigma del “Ecodesarrollo” se encuentran las raíces de la economía ecológica, que inversamente a lo anterior, resulta un intento por “ecologizar” la economía.

La economía ambiental surge de un modelo basado en el concepto de “sustentabilidad débil” de inspiración neoclásica que asume que las diferentes formas de capital pueden ser mutuamente sustituibles de tal manera de mantener constante el capital en general.

Por su parte, la economía ecológica es una disciplina que acepta como punto de partida que el sistema económico es un sistema abierto que se interrelaciona con los ecosistemas y con los sistemas sociales, influyéndose mutuamente.

Lejos de considerar que todas las formas de capital son mutuamente sustituibles, la economía ecológica argumenta que el capital humano es complementario al capital natural, en lugar de intercambiable y que existen servicios ambientales que no tienen sustituto alguno.

Veamos entonces dónde se sitúa la eco-economía dentro de ese amplio campo que delimitan la economía neoclásica, la ambiental y la ecológica.

El término “Eco-economía”, tomado de Lester Brown, resulta el que mejor sintetiza una idea fuerza: alcanzar una verdadera fusión entre la economía y la ecología.

A esta idea se llega a partir de constatar que las políticas económicas que han posibilitado un crecimiento extraordinario en la economía mundial son los mismas que están destruyendo sus sistemas de apoyo; y es entonces que necesitamos entender cómo nuestro sistema económico actual y el crecimiento demográfico son incompatibles con la manera en que los sistemas naturales funcionan; ello nos conduce a la necesidad de crear una visión positiva y esperanzada de una nueva economía que trabaje en armonía con la ecología; y por último, necesitamos cambiar la estructura de nuestro sistema económico actual para cumplir esa visión.

Es a partir de lo anterior que resulta difícil definir en una forma estricta y concreta a la eco-economía, en tanto se trata de una disciplina en construcción. Su base teórica bien puede ser calificada como una “ecosofía” y su praxis: la economía ligada al desarrollo sustentable; entendiendo por ecosofía a aquella corriente filosófica que propone que todos los actos de la actividad humana se encuentren inspirados en un sentimiento de absoluto respeto por los elementos del entorno, tales como el uso racional de los recursos naturales renovables y la no contaminación del ambiente que los rodea. Es una filosofía de la naturaleza investida de valor normativo (Arne, 1981; Arhem, 1990).

La eco-economía, si bien en términos generales resulta perfectamente asimilable a la economía ecológica y se apoya en diferentes herramientas de mercado y fiscales, muestra algunos matices diferenciales y tales matices surgen de los aportes que recibe desde corrientes de opinión bastante disímiles. Así es como podemos encontrar en la eco-economía, principios éticos provenientes de la ecología profunda; planteos teóricos y propuestas propias del “capitalismo natural” de Paul Hawken, Amory Lovins y L. Hunter Lovins; fundamentos “Gaianos” de James Lovelock; aportes desde el movimiento para la economía post-autista y de la economía heterodoxa; basamentos derivados de la teoría de los sistemas complejos y principios éticos y filosóficos vinculados al movimiento liderado por Ervin Laszlo y los miembros del World Wisdom Council.

No deberíamos llamarnos a engaños, al considerar que por su mayor complejidad, resulta poco aplicable al mundo real. Por el contrario, de alguna manera, el intento por tornarla aplicable, es el responsable de las múltiples corrientes de opinión que convergen y reconcilian en ella; algo así como un intento por tomar lo mejor de diferentes universos. De alguna forma, la economía ecológica puede asimilarse mucho más a una disciplina de fuerte contenido teórico, mientras que la eco-economía resulta una praxis.

Como integrante del CEPyE, creo necesario trabajar sobre estas ideas y tratar de aportar elementos para una mejor definición de esta nueva disciplina y es por ello que invito a intercambiar opiniones y aportar información que nos ayude a una mayor y mejor comprensión del universo que pretendemos abordar.

Cambios de Paradigmas.



Silvia Bakirdjian

“Como podremos solucionar nuestros problemas si no tomamos conciencia de quiénes somos y quiénes queremos ser, de dónde nos albergamos y de nuestra relación originaria con la naturaleza?”

Para comprender las cuestiones eco-económicas se habla de Paradigmas y de cambios de Paradigmas. Un paradigma es un modelo, un marco de referencia para encarar problemas, que corre el riesgo de expandirse acríticamente hasta dominar todo el imaginario comunitario, es decir la conciencia o manera de pensar de la comunidad. También está conformado por “elementos paradigmáticos”, que muchas veces son la llave para posibilitar —o impedir— un cambio de paradigma.

Existe un elemento paradigmático en particular que debe ser superado si queremos avanzar en nuestro camino hacia un mundo sustentable. El común de la gente tiende a ver solo una parte de los actores y una parte del escenario sobre el cual se representa la vida tal como la conocemos. Se confunden los medios con los fines, se confunden los instrumentos con los valores de fondo, se confunden las técnicas y las especializaciones con los saberes.

Un primer paso ineludible para cambiar el comportamiento de la sociedad es hacer que la sociedad comprenda por qué debe cambiar, cómo debe cambiar, cuándo debe cambiar.

Es importante desmontar el preconcepto indiscutido —por desconocido— que subyace en la confusión medio-fines, como paso previo para asumir la “Revolución en la Percepción” que pregonaba Marcuse, ya que ello es indispensable para la promoción del desarrollo sustentable.

Debemos comprender —y hacer comprender, lo que es más importante— que:

No existen circunstancias lo suficientemente graves o importantes como para justificar la violación de los fines superiores de la humanidad.

Sin embargo, las “crisis apremiantes”, que cada vez se vuelven más habituales, acortan y obstruyen la mirada del planificador político-social. El norte natural de su accionar, que debería ser la promoción de lo humano —entendida como el despliegue de todas las posibilidades de auto-expresión comunitaria— se disipa en las brumas de elementos como “la inflación”, las veleidades de “el tipo de cambio”, etc. Estas “urgencias” usurpan el rol de los verdaderos fines.
Por supuesto que no se trata de vanidades. Hasta puede argumentarse que están estrechamente emparentadas con las condiciones de un crecimiento social, tendiente a esa promoción de lo humano que sería en este caso el fin de fines: “Sin estabilidad monetaria no hay desarrollo...”. Lo que equivale a decir: “La estabilidad monetaria es un medio para acceder luego a una instancia de riqueza constructiva y abundancia de oportunidades”…, etc.

Quizás sea necesariamente así, quizás no. Aquí hay pendiente una reflexión transdisciplinaria que excede los límites de nuestra especulación individual, lamentablemente especializada, como en la mayoría de los casos. Pero pretendemos por el momento dilucidar solo algunas cuestiones epistemológicas de la relación medio-fines en función de sus consecuencias ético-sociales.

El problema comienza cuando la distinción —o confusión— entre medios y fines se enraiza acríticamente en nuestra idiosincrasia. El intervalo entre el medio y el fin es una distancia y una postergación. Sufrida, soportada o reprimida, hasta puede revestirse de una falsa sensación de madurez social, tanto como para hacerse en algo tolerable

El problema continúa cuando ese espacio de la postergación, propicio para una activa hermenéutica comunitaria, queda vacío de crítica, aletargado en la espera sin esperanza, escéptico, saturado de “slogans” contradictorios.

No nos preguntamos por la relación del medio con el fin.
No nos preguntamos si existen medios alternativos par alcanzar el mismo fin.
No nos preguntamos si la elección de los medios responde a una impecable asepsia teórica o a prejuicios subjetivos y caprichosos de grupos.
No nos preguntamos si es posible y hasta conveniente una impecable asepsia teórica, ni de qué modo intereses de grupos podrían intervenir en una convergencia fecunda, es decir, no caprichosa, para el conjunto de la sociedad.
No nos preguntamos si la elección de los medios es privativa de una “inteligentzia” experta o si podría, por el contrario, ser sometida a una permanente discusión pública a la luz de interrogantes tales como: ¿quiénes somos? y ¿quiénes queremos ser?

De hecho todas estas preguntas quedan reservadas al gabinete de “expertos”, que cada día interpreta los “datos” de la realidad, medida según determinados “marcos de referencia” preestablecidos. Con esos “datos” se elabora una lectura y una problematización. En respuesta a la problemática resultante, se aplican los correctivos ya previstos en la estructura interpretativa inicial. Nadie sino los “expertos” podría realizar esa tarea. Ellos, formados en la “racionalidad instrumental”, conocen y manejan los “instrumentos” adecuados, definiendo con precisión los “elementos del sistema”, ya sean materiales, intelectuales o humanos, para lo cual disponen de una terminología especializada que los aísla de la autocomprensión comunitaria.

Por eso, frente al auge tecnocrático, es común escuchar “yo no entiendo nada de política” o de “economía”, como una manera de ceder a unos pocos “otros”, que sí entienden, el privilegio de tomar esas decisiones “meramente técnicas”, es decir, instrumentales. Cuando las consecuencias de estas últimas hacen sentir sus efectos sobre el conjunto de la sociedad, traicionando las plataformas que habíamos convalidado con nuestro sufragio, derribando gobiernos y poniendo en peligro el sistema democrático, ya es tarde.

Desgraciadamente, ya es tarde para solucionar los desastres ecológicos acontecidos. Pero hay otros por venir. En las próximas intervenciones trataremos de avanzar en el planteo de cómo estas reflexiones pueden incidir en la toma de decisiones respecto de las acuciantes amenazas que nos ocupan.“La preservación de los recursos naturales es algo demasiado importante como para dejarlo en manos de los expertos”.

“El desarrollo sustentable debe ser un proceso concebido desde la comunidad y hacia los dirigentes, y no a la inversa”.

Un movimiento destinado a superar el autismo de la economía moderna.



Carlos Merenson

Edward Fullbrook, en la introducción del libro “A Guide to What’s Wrong with Economics” menciona que las teorías, tanto científicas como de otra naturaleza, no representan al mundo tal como es, sino que resaltan algunos de sus aspectos, dejando otros en la oscuridad. Puede darse el caso que dos teorías que resaltan los mismos aspectos de algún rincón de la realidad ofrezcan conclusiones diferentes; pero puede presentarse otra situación: una dónde una teoría que ilumina bastante bien unas facetas de su dominio quiere suprimir otras teorías que iluminarían algunas facetas que ella deja en la oscuridad. Tal es el caso de la “economía neoclásica” que ha tenido un éxito contundente en dejar de lado otros acercamientos, por lo cual también se la conoce como: “la economía de la corriente principal.”

No es poco lo que se ha polemizado y polemiza sobre la economía neoclásica, sobre sus virtudes y defectos, pero una objeción mayor surgió a fines de 2000, cuando más de 1.000 estudiantes de la carrera de Ciencias Económicas de diversos centros de París, como La Sorbona, hicieron público su manifiesto contra “la enseñanza de una economía imaginaria, demasiado despegada de la realidad”.

Lo que parecía un documento más, rápidamente encontró apoyo en un gran número de estudiantes de economía y economistas en muchos países, así por ejemplo recibió el apoyo de otras universidades galas —Orleans, Grenoble, Rennes, Marsella y Clermont -Ferrand— y europeas —Barcelona, Hamburgo, Londres y Florencia— y para junio de 2001, casi exactamente un año después de que los estudiantes franceses habían lanzado su petición, 27 candidatos al Doctorado en la Universidad de Cambridge lanzaron su propia petición, titulada: “Abriendo la Economía”.


El manifiesto de los estudiantes parisinos se articulaba en torno a tres puntos principales:

En primer lugar cuestionaba la poca relación de la economía con la realidad y por ello los estudiantes se manifestaban en contra de “los mundos imaginarios”. En otras palabras, se oponían a los profesores adictos al llamado “modelo econométrico” que nunca dejaban que la realidad pudiera estropearles una “buena” teoría.

En segundo lugar, criticaban el “uso incontrolado de las matemáticas” que eran asumidas como un fin en sí mismas y no como un instrumento.

Por último, señalaban que eran necesarios “enfoques pluralistas en los análisis económicos”.
En agosto de 2001 los estudiantes de economía de 17 países que se habían reunido en la Ciudad de Kansas, lanzaron su “Carta Abierta Internacional” en la que llaman a reformar la educación de la economía como así también la investigación, basados en siete puntos principales:

1º Una concepción más amplia del comportamiento humano.
2º El reconocimiento de la cultura.
3º La consideración de la historia.
4º Una nueva teoría del conocimiento.
5º La importancia de la medición empírica.
6º Una ampliación de los métodos.
7º El diálogo interdisciplinar.

Hoy, la lucha de los estudiantes de economía y de miles de economistas en muchos países, ha florecido bajo el estandarte de la “Economía Post-autista” (PAE). Este movimiento no pretende reemplazar la economía neoclásica con otra verdad parcial, sino que pretende abrir la economía, superando esa suerte de “autismo” en el que se ha enfrascado la economía moderna.

Tal como sabemos, el “autismo” es la enfermedad más común dentro del grupo de trastornos del desarrollo y se caracteriza por un marcado déficit en la comunicación y la interacción social, deterioro del lenguaje, actividades e intereses extremadamente limitados, inusuales y repetitivos, con excesiva fijación con ciertos objetos; y normalmente asociado con deterioro intelectual.

Por su parte, la economía moderna se caracteriza por un marcado déficit en la comunicación y la interacción con otras disciplinas. Posee un vocabulario limitado y especializado y una excesiva fijación con las suposiciones y los modelos matemáticos. Como fruto de una suerte de deterioro intelectual, la economía moderna muestra una notable incapacidad para resolver muchos importantes problemas del mundo real y quienes la practican: los economistas convencionales y ortodoxos, que sólo consideran aquello que está dentro de su modelo matemático, cerrado e inflexible, se transforman en “autistas”, en tanto muestran serias dificultades para relacionarse con el exterior y para saber lo que acontece en el mundo real.

Tanto es así, que no solo algunos estudiantes y economistas disconformes cuestionan esta corriente principal, este autismo económico, sino que algunos prestigiosos economistas, galardonados con el Premio Nobel, también se han manifestado en forma crítica y así por ejemplo, Milton FRIEDMAN ha mencionado que: “.....la economía ha llegado a ser cada vez más una rama arcana de las matemáticas antes que tratar con los verdaderos problemas económicos”. Por su parte, Joseph STIGLITZ ha dicho: “La forma en que se enseña la economía en los cursos de postgrado de América... resulta el testimonio del triunfo de la ideología sobre la ciencia”. Otro Premio Nobel, Ronald COASE ha señalado: “La economía existente resulta un sistema teórico [de significado matemático] que flota en el aire y que tiene escasa relación con lo que sucede en el mundo verdadero”. En tanto, Douglass NORTH afirmó que: “Vivimos en un mundo incierto y siempre cambiante que evoluciona continuamente en nuevas y novedosas formas. Las teorías uniformes son de poca ayuda en este contexto. Procurar entender los cambios económicos, políticos y sociales requiere un cambio fundamental en la manera que pensamos”.

El movimiento de la economía post-autista (PAE), que ha identificado correctamente muchas de las fallas de la economía neoclásica, encuentra en la Eco-economía una expresión concreta, que se mueve más allá del autismo de la corriente principal y representa una alternativa post-autista viable.

Se sugiere profundizar en Post-autistic Economics Network (http://www.paecon.net )

Los caminos hacia la sustentabilidad.




“Cada pueblo construyó su historia recorriendo su propio camino. Para alcanzar la sustentabilidad deberá hacer lo mismo, estando atento a lo que ocurre en el resto del Oikos común”.

Eduardo Beaumont Roveda

El panorama de crisis generalizada debida al modo de desarrollo insustentable que ha dominado los últimos cien años de civilización humana parece no presentar mayores dudas, al menos para los suficientemente informados: la voracidad energética indiscriminada ha engendrado una reacción ambiental —el cambio climático global— que aún los dirigentes mas iluminados no saben como enfrentar o siquiera como morigerar.

Frente a ello, la explosión demográfica de China —sumada a su despertar al desarrollo— se está convirtiendo en un privilegiado “observatorio del futuro” que puede ayudar al resto del mundo en la búsqueda de soluciones a los enormes problemas que debe superar la humanidad en las próximas décadas.
Cada dos segundos nace un nuevo habitante de China. Resulta impactante que el sitio que informa la población de este país tenga instalado un contador que permanentemente se actualiza. (Ver China Population Information: http://www.cpirc.org.cn/en/eindex.htm). Cuenta ya con más de 1.310.000 habitantes, sólo en el 2006 se agregaron más de 9.000.000!!).

El PBI de China también ha crecido desde el año 2003 a tasas anuales mayores al 9 %. Esto ha producido enormes desajustes en su disponibilidad de recursos, especialmente la energía —el consumo de electricidad crece a una tasa que casi duplica la del PBI— y esta situación continuará agravándose en los años por venir. En el 2003 China se convirtió en el segundo consumidor de energía primaria después de Estados Unidos. China es también el tercer productor de energía del mundo luego de Estados Unidos y Rusia.
Para continuar con sus tasas de desarrollo económico, se estima que China tendrá que duplicar su capacidad de generación eléctrica cada década. Con una capacidad instalada en todo el país, a finales de 2004, de 440 GW (Gigavatios) que generaron 2.187.000 millones de kW-hora, China tiene un sistema eléctrico que ocupa el segundo lugar en el mundo, superada sólo por los Estados Unidos. Sin embargo, durante el mismo año sufrió graves problemas de desabastecimiento y cortes que afectaron a 22 de sus provincias, en tanto que en el 2005 fue aún peor, con 23 provincias afectadas. China es también el segundo mayor emisor de CO2 en el mundo, después de los EE.UU.

El mix energético Chino descansa mayoritariamente en el carbón[1] (mas del 70% en el 2005), y esta situación ha llevado casi al colapso el sistema de extracción y transporte de este mineral. Baste decir que los ferrocarriles chinos están dedicados en un 40% a transportar más de un billón de toneladas de carbón por año. La mayoría de la electricidad se produce a partir de combustibles fósiles (cerca del 80%, principalmente carbón) y de energía hidráulica (cerca del 18%). El resto es energía nuclear y trazas de las llamadas “energías alternativas”.
Aunque China es el sexto productor más grande de petróleo del mundo, desde 1993 es un importador neto, importando más de un tercio de su consumo (35%). Y llegará a importar más de tres de cada cuatro barriles consumidos dentro de 20 años (84% en el 2030). También dispone de gas natural, cuya producción actualmente representa el 3% de su consumo energético, previéndose que para el 2010 este valor se duplique.

Hasta aquí los hechos estadísticos. Frente a esta realidad, China debe necesariamente diversificar sus fuentes de energía, y las opciones no son muchas en la “mega escala” de su realidad. A partir de esta situación debería construirse un “camino sustentable” para el desarrollo energético. La gran pregunta es: ¿por dónde pasa la sustentabilidad en este panorama?.

Un primer elemento a considerar es que la peor sustentabilidad es la carencia de energía. China ha hecho un enorme esfuerzo para acoger a la enorme población que la satura, y sin embargo aún hay enormes porciones de la misma que no disponen del mínimo que pueda garantizar una calidad de vida aceptable.
Además la energía es el multiplicador del resto de la actividad económica y social, con lo cual el problema adquiere aún mayor relevancia. El camino, como toda decisión humana racional y razonable, debe necesariamente ser un camino de equilibrio entre beneficios y perjuicios.

Frente a esta situación, es muy difícil que los chinos puedan considerar también —y sobre todo al mismo tiempo— los problemas de índole global. Los recursos son siempre finitos, sobre todo los financieros pero también los naturales, por lo cual las opciones son limitadas.
Lo que se quiere mostrar aquí es que la construcción del desarrollo sustentable no puede transitar por la ortodoxia ni mucho menos por el sectarismo. Debe ser pragmática[2]. Debe tener en cuenta prioridades. Debe contemplar “el mal menor”, que de acuerdo a algunos entendidos es también “el bien mayor”[3].

[1] China es el mayor productor y consumidor de carbón del mundo.
[2] El pragmatismo sostiene que sólo en la lucha de los organismos inteligentes con el ambiente que los rodea es donde las teorías y datos adquieren relevancia.
[3] Asumiendo que el mal es la ausencia del bien.

Minería del Carbón en Mongolia, China.

La Agencia Internacional de Energía estima que China invertirá 1,5 trillones de Euros en su sector energético antes del 2030. ¿Cómo se invertirá esta enorme suma?
Pan Juihua, director ejecutivo de la Academia China de Ciencias Sociales, expresó en un reciente reportaje: “Cuando se tienen varias opciones hay que considerar sus restricciones, cuando se tienen muchos problemas hay que establecer prioridades. Cuando hay pobreza, se tiene que abordar primero la pobreza.”

Las autoridades chinas han reiterado su voluntad de que el desarrollo energético del país tenga en cuenta los efectos ambientales asociados, con el fin de que el crecimiento económico no comprometa la sostenibilidad del entorno natural. Aunque China no está afectada por el protocolo de Kyoto, también ha expresado un compromiso en materia de control del cambio climático, teniendo en cuenta que los combustibles fósiles proporcionan más del 80% de la energía consumida en el país y que, de no cambiar la actual tendencia, las dos terceras partes del crecimiento en las emisiones mundiales de CO2 —que la AIE prevé para el año 2030, un 52% a nivel global— corresponderían al gigante chino.
En este sentido, China posee abundantes recursos hidroeléctricos, y ha encarado su utilización hasta el máximo de su potencial. Ha encarado dos grandes proyectos hidráulicos que están en construcción: Three Gorges (Presa de las Tres Gargantas) de 18.2 GW y Yellow River (Presa del Río Amarillo) de 15.8 GW. Sin embargo, ambos proyectos han sido duramente criticados por los “ambientalistas” ortodoxos.
La Presa de las Tres Gargantas, en el curso medio del río Yangtsé —el más largo de China y el tercero del mundo— en la provincia central china de Hubei, es el mayor proyecto de ingeniería de la historia reciente y se completará en el 2009. La construcción de esta presa, con un embalse principal de 2.309 metros de largo, 185 metros de alto y capaz de almacenar 39.000 millones de metros cúbicos de agua, ha costado más de 20.000 millones de Euros. Cuando esté en pleno funcionamiento, tendrá 26 generadores que producirán en total 84.700 millones de kW-hora de electricidad al año.

Presa de las Tres Gargantas, China.

Las autoridades chinas también han otorgado un importante rol al desarrollo de las energías alternativas, como la eólica, con la intención de desarrollar sistemas basados en el modelo danés. China está considerada como un mercado eólico con gran capacidad de crecimiento. Concluyó el año 2005 con una potencia eólica acumulada de solo 1,26 GW, pero las previsiones oficiales alcanzan a los 40 GW en el 2020, impulsada por la Ley de Promoción de las Energías Renovables lanzada por el Gobierno chino. De esta manera, la energía eólica podría convertirse en una de las principales fuentes de electricidad de China en el 2020, e incluso convertirse en la segunda mayor proveedora de electricidad en el 2050, cuando se espera que su capacidad instalada llegue a los 400 GW.

La mayor “granja eólica” de China.

Asimismo, la República Popular de China está implementando un programa nuclear que prevé poner en línea 30 nuevas plantas de energía en los próximos 15 años, lo que pone a China en la vanguardia del mundo en lo que hace a la investigación y desarrollo en ciencia e ingeniería nuclear.
La meta es aumentar seis veces la capacidad nuclear, actualmente de 8,7 GW, hasta los 40 GW antes del 2020. Sin embargo, y debido al tamaño del sistema eléctrico de China, incluso este agresivo esfuerzo llevará la generación nuclear solamente hasta el 6 % de la capacidad instalada. Este programa requiere que entren en servicio dos reactores nuevos cada año, durante los próximos 16 años. A pesar de que la mayor parte de las centrales existentes han sido importadas, el gobierno Chino prevé que el 70 % del equipamiento necesario para la expansión será producido en la misma China, ya que han estado desarrollando su propia tecnología y capacitando a sus científicos e ingenieros[1].
Antes del 2050, China planea tener 150 GW de capacidad nuclear instalada, equivalentes a 150 centrales eléctricas grandes. Las zonas prioritarias serán Jiansu, Shangai y el grueso de la demanda industrial del sur en Guandong y Zhejiang, polos fabriles que ya están acostumbrados a continuos cortes en el suministro y a realizar turnos nocturnos de trabajo para evitar los picos diurnos en la demanda.

Otro aspecto importante del programa nuclear chino que merece destacarse —y a nuestro criterio imitarse— es que además de diseñar, producir y exportar[2] sus propias centrales, han encarado un programa de investigación y desarrollo para llevar la frontera hacia una nueva generación de reactores, denominados de “alta temperatura”, construyendo un reactor experimental de 10 MW entre 1995 y 2000, en tanto que en el 2003 ya fue conectado a la red comercial. Sobre la base de esta tecnología, está actualmente desarrollando un “reactor paquete” de baja potencia y bajo costo (200 MW, 300 MUS$) que está destinado a distribuirse ubicuamente en todo el territorio chino e incluso del resto del mundo, vía exportación. Debe notarse además, que los reactores de “alta temperatura” permitirían también producir hidrógeno a partir del agua, para ser utilizado como combustible.

Hasta aquí, la reacción inicial de China frente a los hechos estadísticos. Trataremos de extraer de ello algunos criterios o enseñazas útiles.
En primer lugar, debemos notar que no es conducente cerrarse a preconceptos seudo ambientales, ni mucho menos a los prejuicios ambientalistas, cuando la matemática de los números y la evidencia de las necesidades indican que no hay salida “canónica” para un determinado problema.

China necesita incorporar a su sistema eléctrico en los próximos 15 años entre 500 y 750 GW de potencia, de acuerdo a previsiones optimistas o pesimistas. Es un esfuerzo ciclópeo.Poniendo todos los elementos racionales sobre la mesa, están haciendo enormes esfuerzos por desarrollar hasta el límite las opciones “correctas”, hidráulica, eólica, renovables. Pero solo se puede cubrir una pequeña parte del total. Luego apela a las “menos contaminantes”, la opción nuclear. Tampoco es suficiente. Debe continuar expandiendo las opciones “tradicionales”, es decir el carbón, el petróleo, el gas natural. Y en el peor “mix” posible, ya que dispone de grandes reservas de carbón, pocas de petróleo y aún menos de gas natural. Pero esto es lo razonable para la China de hoy y del futuro cercano.

Podemos criticar esta posición? Sinceramente, creo que no.


[1] El reactor ubicado en Qinshan, de 300 MW y que entró en operación en 1991, fue diseñado en China y construido con el 70 % de sus componentes producidos domésticamente, impulsando el nacimiento de la industria nuclear China.
[2] China está exportando reactores a Pakistán.

En particular, y dado que por mi actual desempeño profesional he tenido que comenzar a estudiar mas a fondo la opción nuclear —y también por la similitud que presenta en ésta área la República Argentina— quiero analizar con un poco mas de detalle el actual resurgimiento de la energía nuclear como una opción “limpia” de energía masiva.Al respecto, es interesante destacar que recientemente, con un intervalo de pocos días y en ambientes muy distintos, dos figuras muy representativas del mundo ecologista y de la política internacional, como son el ideólogo ecologista James Lovelock, creador de la teoría Gaia y el político Mikhail Gorbachov, expresaron su firme convencimiento de que la energía nuclear es el único camino para luchar contra el cambio climático que se avecina.

Lovelock, reconocido científico, miembro de la prestigiosa Royal Society inglesa y fundador de un movimiento ecologista ha presentado sus ideas en diversos foros[1]. En un artículo del periódico “The Independent” —el 24 de marzo de 2004— escribió: “Hagamos un uso razonable de las pequeñas aportaciones de las energías renovables, pero la única fuente disponible inmediatamente que no produce calentamiento global es la energía nuclear”. En otro artículo, publicado en el Reader's Digest de Abril de 2005, expresó: “Las cifras muestran que las dudas que mucha gente tiene sobre la energía nuclear no son razonables”.
[1] Ver: http://www.ecolo.org/lovelock/


En el marco de la presentación del Diálogo “Energía y desarrollo sostenible” que se celebró en el Fórum Barcelona el 2 de junio de 2004, Gorbachov —premio Nóbel de la Paz y presidente de la organización ecologista Green Cross— manifestó que “no hay tiempo de sustituir los combustibles fósiles por fuentes energéticas renovables no contaminantes. La única solución a corto plazo es la energía nuclear”. Y añadió: “Fui testigo del accidente de Chernobil, pero a pesar de su peligro, no apoyo las posturas contrarias a la energía nuclear. El cierre de plantas provocaría el caos. ¿Cómo vivirían países como Japón o Francia sin energía nuclear?”, preguntó el artífice de la perestroika. Por último, Gorbachov manifestó que “debemos replantearnos todo nuestro sistema de valores y asegurarnos de que estos temas lleguen a los gobiernos, pero también a los ciudadanos. Las buenas intenciones no bastan, es necesario asegurar el destino del planeta en los próximos años y asegurar nuestra supervivencia como especie”.[1]

Por otra parte, Patrick Moore, uno de los ecologistas pioneros que fundó Greenpeace en el año 1971, apoyó —en abril de 2006— el retorno a la energía nuclear en un artículo de “The Washington Post”: “la energía nuclear puede ser justamente la fuente energética que puede salvar a nuestro planeta de otro posible desastre: el catastrófico cambio climático”.[2]
Más allá de opiniones personales o anecdóticas, el retorno de la energía nuclear a nivel global está sólidamente basado en cuatro factores:


1. económico, por el alza incesante de los precios de los hidrocarburos;
2. geoestratégico, debido a la inestabilidad política existente en los países que son importantes productores de gas y petróleo;
3. ambiental, con el principal foco en la reducción de emisiones de CO2 y otros gases a la atmósfera[3]; y
4. tecnológico, por las mejoras en seguridad alcanzadas en las plantas de tercera generación.

También debe tenerse en cuenta el impacto ambiental en el entorno (ocupación del espacio) de las diferentes fuentes de energía alternativas disponibles. Una central nuclear de 1 GW de potencia requiere una superficie de 1 a 4 km2. Para una producción equivalente de electricidad utilizando energía solar se necesitarían de 20 a 50 km2, utilizando energía eólica se necesitaría una superficie de 50 a 150 km2 y en el caso de la biomasa de 4.000 a 6.000 km2.
[1] Ver: http://www.barcelona2004.org/esp/actualidad/noticias/html/f042378.htm
[2] Ver: http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2006/04/14/AR2006041401209.html
[3] Generadores de la lluvia ácida (SO2 y NOX).

En lo referente a las emisiones de CO2, la energía nuclear figura entre las tecnologías de generación menos intensas, emitiendo 0,01 gramos de dióxido de carbono equivalente por cada kWh generado (g CO2 eq./kWh), emisión asociada a la fase de construcción de la central nuclear. En contraposición, una central alimentada por combustibles fósiles emite de 400 a 1.250 gramos de CO2 eq./kWh, según sea el tipo de combustible usado: gas, petróleo o carbón.
Luego de un largo período de “veda” a la energía nuclear que se impusieron los países desarrollados, durante el cual incluso se mencionó insistentemente la posibilidad de cerrar las centrales existentes al fin de su vida útil, se ha desatado en el mundo un resurgir de los proyectos nucleares.
A finales del año 2005, había 443 centrales en funcionamiento en el mundo en 31 países, y estaban en construcción 25 nuevos reactores en 11 países muy diferentes tales como India (8), Japón, Corea del Sur, Rusia (4), Rumania, Taiwán (2), Ucrania[1] (2) y Pakistán. La inestabilidad energética ha reabierto el debate en Europa: Gran Bretaña y Alemania preparan nuevos planes energéticos en los que la energía nuclear puede ocupar un lugar preponderante, tanto para la construcción de nuevas centrales como para prorrogar la actividad de las existentes. Estados Unidos tiene planes para la construcción de nuevos reactores en Mississippi, Carolina del Sur, Alabama, Virginia, Idaho e Illinois. La construcción de esas plantas comenzará en el 2010.
[1] Donde ocurrió el accidente de Chernobil.

En Europa, varios países, entre ellos Finlandia y Francia comenzaron, o están a punto de comenzar, la construcción de nuevas centrales nucleares. En el año 2004, la Comisión Europea autorizó la construcción de la nueva central nuclear de Finlandia. Las obras comenzaron en el 2005 y está previsto que entre en funcionamiento en el 2009. Este hecho, según un informe de prensa de la Unión Europea, ha demostrado que la energía nuclear sigue siendo una opción económica atractiva cuando se aplica correctamente y que puede contribuir sustancialmente al desarrollo sostenible y a combatir el cambio climático. La central no recibirá subvenciones del Ejecutivo finlandés, a la vez que evitará la emisión de millones de toneladas de dióxido de carbono, permitiendo a Finlandia cumplir con los compromisos del Protocolo de Kyoto. Suecia ya dejó de lado la idea de cerrar sus centrales nucleares y, por el contrario, formula planes para extenderles la vida útil. En Italia, país que decidió ser “no nuclear” mediante un referéndum en 1997, la empresa eléctrica estatal compró acciones de la nueva central nuclear que construirá Francia.

Volviendo a nuestra realidad, el PBI de la Argentina —como el de China— está creciendo a tasas anuales del orden del 9 %. Esto está produciendo grandes desajustes en la disponibilidad de energía —como en China— la que puede convertirse en el cuello de botella del crecimiento. La Argentina también ha desarrollado, a lo largo de más de cincuenta años, una capacidad nuclear que la pone en un pie de igualdad con los países centrales. En su camino hacia la sustentabilidad no debería dejar de lado esta opción, al menos como puente de plata hacia un futuro energético todavía incierto. La racionalidad y la razonabilidad así parecen indicarlo. En futuras contribuciones volveremos sobre el tema.

“La necesidad de energía del mundo de hoy y las ventajas de la energía nuclear sobre otras fuentes primarias de generación energética, colocan a esta opción como la más viable en lo económico, en seguridad y en el cuidado de la naturaleza. Esto, que claramente ha sido advertido por los países dominantes --lo que se muestra en el resurgimiento de la industria nuclear-- pretende ser monopolizado nuevamente por estos países, negando cualquier posibilidad de que otras naciones participen de esta fuente de energía de manera soberana. Nuestros países no pueden permanecer atados a fuentes de generación de energía cuyo agotamiento se acerca a pasos acelerados, ni deben esperar pasivamente las políticas provenientes del exterior. Ante este resurgimiento nuclear, debemos contar con un desarrollo propio de las ciencias y tecnologías nucleares, tanto en materia energética como en otros usos pacíficos de la energía nuclear. Debemos pugnar por la independencia tecnológica en la materia”.

Declaración Final del II Foro Latinoamericano y Caribeño de Trabajadores y Trabajadoras de la Energía, México D. F., 10 de septiembre de 2005. (Declaración de Río Becerra)

Sólo un dios puede salvarnos todavía…


Serge Latouche


Este autor examina los fundamentos epistemológicos de la economía y de la ciencia social. Pertenece a MAUSS (Mouvement Anti-utilitariste dans les sciences sociales - Movimiento anti-utilitarista en las ciencias sociales) que anima investigación y debate sobre el sesgo economista en el pensamiento moderno.
Sus libros Faut-il refuser le développement? (¿Es necesario rechazar el desarrollo?) publicado por Presses Universitaires de France en 1985 y L'occidentalisation du monde (La Occidentalización del Mundo) publicado por La Découverte en 1989 han denunciado al desarrollo como el ascenso de la concepción económica del mundo a la hegemonía global. Es profesor universitario en Lille y París.

El título de este comentario es una frase de Heidegger, parafraseada por Serge Latouche, economista y filósofo.
Como veremos, se trata de un dios con minúscula, con caracteres limitados, como los dioses griegos, y rasgos humanos con defectos y virtudes.
Para Latouche es esencial distinguir ente lo racional y lo razonable. Lo racional tiene que ver con una razón calculadora, instrumentalista y estratégica, centrada en lo económico y por tanto formalizada y matematizable. Y por supuesto con ambiciones imperialistas.
Lo razonable, en cambio, alude a límites humanos y naturales. Aunque es más abarcativo pues está encarnado en símbolos, mitos y valores tradicionales. Lo razonable no depreda recursos naturales aunque éstos sigan siendo siempre agotables algún día.
El ideal de la racionalidad tecnocrática y antropocéntrica es vivir consumiendo más, mejor y mucho.
El ideal de la razón razonable es una buena vida, al estilo de los griegos, consciente de límites y alternancia entre abundancia y escasez. Dentro de las posibilidades de la madre naturaleza.
Latouche considera que la razón no puede darse a sí misma sus propios fines y que por eso está enraizada en mitos, tradiciones y símbolos sapienciales y encarnados en culturas particulares.
En todo caso son las comunidades de base las que pueden decidir soluciones no muy pretenciosas para beneficiar a la mayor cantidad de gente que se pueda.
Frente a estas consideraciones se vuelve comprensible su valoración de Desarrollo Sustentable como una contradicción. Pues el desarrollo sustentable implica una desmesura que ni nuestras propias capacidades, ni la duración de nuestras vidas, ni los recursos naturales pueden procurarnos.
Prefiere en cambio hablarnos de una sana supervivencia respetuosa del entorno.
Nos ofrece un interesante ejemplo, para finalizar:Los indios de la Columbia británica[1] sobre la costa oeste del Pacífico pensaban que los salmones eran seres vivientes como ellos, que vivían en tribus en el fondo del mar. En invierno decidían sacrificarse por sus hermanos terrestres, revestían sus hábitos de salmón y partían hacia las desembocaduras. En la estación de subida de las márgenes, los indios recibían al primer salmón como un visitante importante. Lo comían ceremonialmente. Su sacrificio no era más que un préstamo provisorio. Devolvían al mar la arista central y los restos que permitían el renacimiento de la hostia devorada. Así la coexistencia entre los salmones y los hombres se perpetuaba de manera satisfactoria. Con la llegada de los blancos y la instalación en cada desembocadura de una factoría, la carrera del provecho resultó abusiva. Los indios concluyeron que los salmones desaparecieron porque los blancos no respetaron el ritual. Quién podría criticarlos? Esta obligación del hombre de fundirse en el cosmos se encuentra en la mayoría de las sociedades. En Siberia se va a morir a la selva para devolverle a los animales lo que de ellos se recibió. Esta actitud implica relaciones de reciprocidad entre los hombres y el resto del universo. Los hombres se deben a Gaia como Gaia se debe a ellos.
[1] Actual provincia canadiense, cuya capital es Victoria.

Comentario remitido por Silvia Bakirdjian

12.8.06

ACERCA DEL CEPyE

El CENTRO DE ECOLOGÍA POLÍTICA Y ECO-ECONOMÍA se constituyó en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el 13 de mayo de 2005, durante un encuentro de profesionales, funcionarios y estudiosos provenientes de diversas corrientes de pensamiento, realizado en el ámbito de la FUNDACIÓN DEL SUR.

El Acta Constitutiva del CEPyE, reconociendo la indiscutible profundización de la crisis ambiental global, que ha conducido al nacimiento y consolidación de la ecología como “ciencia de crisis” y su evolución hacia su transformación en ecología política, y observando que la mayoría de las tendencias actuales indican que la marcha de la economía no resulta compatible con el adecuado funcionamiento del ecosistema terrestre, por lo que ambos sufrirán enormes perjuicios en el futuro inmediato, plantea que resulta indispensable formular una nueva visión económica a partir de las observaciones y análisis ambientales.

Para ello, el CEPyE propone que economistas y ecólogos, trabajando en forma conjunta, construyan una nueva economía, una “eco-economía", creando las condiciones necesarias para sostener auténticamente el progreso económico, mejorar la calidad de vida y aportar a un nuevo modelo de desarrollo: el desarrollo sustentable.

Los objetivos centrales del CEPyE son los de estimular el análisis crítico de las problemáticas que plantea la sustentabilidad en sus múltiples e interrelacionadas dimensiones, constituir un ámbito participativo de reflexión sobre el desarrollo sustentable en el que se viertan diferentes concepciones y experiencias sobre el tema y ofrecer un ámbito participativo que facilite el encuentro, en particular, de ecólogos y economistas.

Asimismo se acordaron ciertos principios, que incluyen la afirmación de las diversas convicciones personales de los integrantes, el estudio serio y desapasionado de la temática propuesta, realizado en un plano estrictamente académico, que los estudios realizados o las opiniones formuladas a través del Comité Ejecutivo o los grupos de trabajo del Centro no comprometan la independencia de pensamiento de los integrantes, y la apertura a la participación en el Centro de aquellas personalidades que, a través del desempeño en cargos públicos, tareas intelectuales, actividades privadas o no gubernamentales, demuestren su preocupación por los temas e ideales expuestos.

La Comisión Directiva del CEPyE está constituida de la siguiente manera:

Director: Carlos Merenson; Director Adjunto: Octavio Perez Pardo; Secretaria Ejecutiva: Gladys Arca; Vocales: Silvia Bakirdjian, Eduardo Beaumont Roveda, Claude Della Paolera, Juan Luís Duro, Victoria Lichtschein, Obdulio Menghi, Juan Luís Merega, Fernando Navarrete, Luís Daniel Paiola, Ricardo Porto, Sonia Ramirez, Maria Rossi, Fernando Rumiano y Claudio Schifer.